LECTURA PARA EL DÍA DE REFLEXIÓN: “LA GUERRA CIVIL, ¿CÓMO PUDO OCURRIR?”

javier marías

“Necesitamos ‘vencer a la guerra’, curarnos, sin recaída posible, de esa locura biográfica, es decir, social (…) cuya amenaza ha sido tan hábilmente aprovechada para paralizarnos, para frenar el ejercicio de nuestra libertad histórica, la plena posesión de nuestro tiempo, la búsqueda y aceptación de nuestro destino”  (Julián Marías, p. 79)

El 3 de mayo es día de reflexión en la Comunidad de Madrid. Una soberana estupidez, como también lo es la de prohibir las encuestas los últimos días de campaña. Pero ya que  así se ha determinado, y teniendo en cuenta que es día festivo en ese territorio, sugeriría a todos los candidatos y también a aquellas personas que no lo son (electores) que, tras esa ácida y absurda campaña, que en muchos momentos nos ha devuelto a tiempos pretéritos y a confrontaciones propias de nuestro más tremendo e inolvidable pasado, empleen ese día absurdamente reflexivo en algo útil, más allá de tomarse la tan manoseada cañita en la correspondiente terraza y echar pestes del contrario.

Lean, si lo tienen a mano, el extraordinario opúsculo de Julián Marías, La guerra civil ¿Cómo pudo ocurrir?, Editorial Fórcola, 2012. Son poco más de cincuenta páginas. Si así lo hacen, tal vez comprendan que con determinadas cosas no se puede jugar. Los riesgos son elevadísimos. No todo vale en política, y esto no puede ser el tono de un debate que no es tal, más bien se trata de actitudes revanchistas y de política de chapapote. Hay quien se mueve mejor en el barro, y siempre son los mismos. Y se termina de ese modo convirtiendo la convivencia en un lodazal.

Como el lunes 3 es festivo en Madrid, y no será fácil que, quien no lo tenga a su alcance se haga con la citada obra que comento (aparte de su edición aislada se encuentra recogido en el libro de Hugh Thomas, La guerra civil española, así como en su versión final en el libro del propio Marías, España inteligible. Razón histórica de las Españas), les expongo en breves líneas algunas de sus ideas-fuerza, para que al menos quien quiera libremente reflexione sobre ellas.

El libro se abre con un excelente prólogo del historiador Juan Pablo Fusi que, califica el texto de Julián Marías, como “un texto palpitante, una mirada serena, necesaria, moral sobre la guerra: una visión responsable”. Pero, además, nos ilustra que ese opúsculo fue escrito por su autor en 1980, para advertir de los grandes peligros que supondría no comprender bien lo que entonces sucedió, y con una pretensión muy clara: “No podemos olvidarla, porque eso nos expondría a repetirla”. Y de eso, y no otra cosa se trata: de evitarla.

Es, a juicio de Marías, “la radical discordia (la) que condujo a la guerra”. Y por tal entiende el autor “no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del ‘otro’ como inaceptable, intolerable, insoportable”.

Aunque nos parezca algo propio de la (mala) política de nuestro tiempo, la consigna “cuanto peor, mejor” se acuñó entonces. Se labró así, a juicio del autor, “el hostigamiento al otro” y, por tanto,  el cultivo de la enemistad. Y la política comenzó a girar sobre presupuestos a los que ya estamos (también hoy en día) muy habituados. La función de la oposición (añado, sea cual fuere)  se ha entendido siempre en España de manera elemental y simplista: se ha creído que con consiste en oponerse a todo”; o dicho de otra manera, “lo que se podría llamar oposición automática”. Así, casi sin darse cuenta, se fueron conformando grupos “que ingresaban en la categoría de los mutuamente irreconciliables”. Y sentadas esas bases, lo demás venía por añadidura: “Nunca se juzgaba nada por sus méritos objetivos, sino por quién lo hacía”.

Y así fue como se avanzó hacia la guerra civil. Según Julián Marías dando pasos rápidos y firmes. Por un lado, con la politización o primacía de lo político: “lo único que importaba saber de un hombre, una mujer, un libro, una empresa, una propuesta, era si era de ‘derechas’ o de ‘izquierdas’, y la reacción era automática. Por otro, todo se resumía a una brutal simplificación: “La infinita variedad de lo real quedó, para muchos, reducida a meros rótulos o etiquetas, destinados a desencadenar reflejos automáticos, elementales, toscos”.

Conviene destacar que, a pesar de todo lo expuesto, Julián Marías introduce el azar como elemento decisivo en la guerra civil: “Contra lo que se ha dicho con insistencia, no fue necesaria, no fue inevitable”. En sus propias palabras, “la guerra  fue consecuencia de una ingente frivolidad”, y tal como dice: “Esta me parece una palabra decisiva”. Los políticos, las figuras representativas de la Iglesia, los intelectuales, los periodistas, los poderosos y los dirigentes sindicales, “se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de responsabilidad sin imaginar las consecuencias de lo que hacían u omitían”.

Las manipulaciones que entonces se dieron, la reiteración de algo que se da por supuesto, los efectos de anestesia o hipnótico se  multiplicaron: “es muy difícil que el hombre o la mujer de escasos hábitos intelectuales, acostumbrado a la recepción de ideas más que a su elaboración y formulación, se den cuenta de que están siendo objeto de esa manipulación”. No digamos nada ahora, con las redes sociales y sus cámaras eco, de las que ya no se libran ni las personas que se encuadran en la intelectualidad más granada. Así, según Marías, se produjo lo que ya no tendría vuelta de hoja: “Llegó un momento en que una parte demasiado grande del pueblo español decidió no escuchar, con lo cual entró en el sonambulismo y marchó, indefenso o fanatizado, a su perdición”.

Lo demás es muy conocido. Lo que vino después, también. Un sombrío y desgraciado panorama. Un país destrozado por la muerte, la pobreza y el exilio. Después, una perpetuación inútil del espíritu de guerra. Un sinfín de vidas truncadas. Cuarenta años sombríos. A pesar de todo, el autor pone en boca de Quevedo la engañosa situación que nos puede embarcar cuando no vemos correctamente las cosas con la perspectiva debida: El tiempo, que ni vuelve ni tropieza. La vida ha seguido, y mal que bien pasamos página, lo que no significa olvido, sino aprendizaje y memoria inteligente. El país ha cambiado muchísimo, aunque a veces no lo parezca.

El opúsculo de Julián Marías es sencillamente un equipaje obligado para quien quiera emprender de verdad ese viaje hacia la concordia y la sensatez, que hoy en día parecen haberse perdido, incluso por aquellos que la deberían mantener contra viento y marea. Esperemos que no sea el preludio de futuras contiendas electorales, que más se parecen a guerras de guerrillas espoleadas por ignorantes e irresponsables comunicadores de pacotilla, partidos cultivadores de odio y líderes vacuos, que propiamente hablando a guerras civiles. A las que es mejor no retornar, ni siquiera como performance o como estrategias o actitudes “electorales” de muy mal gusto. A ver si de esta se aprende o el foso sigue creciendo.

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